domingo, 10 de octubre de 2010

Estrena OCESA obra de teatro "Un dios salvaje"


A carcajadas Ludwika Paleta, Rodrigo Murray, Mónica Dionne y Flavio Medina mostrarán su lado oscuro, a partir del 13 de octubre cuando inicie la temporada de la obra “Un Dios salvaje”.
Bajo la dirección de Javier Daulte representarán el texto de la dramaturga francesa Yasmina Reza en el Teatro Fernando Soler del Centro Teatral Manolo Fábregas.
El ciclo de la puesta en escena podría coincidir en tiempos con el rodaje de la misma historia “God of carnage” que el cineasta Roman Polanski adaptará con las actuaciones estelares de Jodie Foster, Kate Winslet, Matt Dillon y Christoph Waltz. Está previsto para febrero de 2011 en París, Francia.
De acuerdo con Morris Gilbert, uno de los productores junto con Federico González Compean y Ocesa Teatro, “Un Dios salvaje” fue representada en los escenarios españoles con Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijón, Pere Ponce y Antonio Molero.
“Es una historia con elevadas dosis de humor negro y crueldad en la que dos matrimonios de manera respetuosa y civilizada, pero sólo al inicio, se reúnen para aclarar la pelea que sostuvieron sus hijos y en la que uno de ellos perdió los dientes”, explicó.
Sin embargo, algo que parecía sencillo de resolverse será el punto de partida para desnudar los conflictos más profundos que habitan en cada uno de ellos.
“De esta forma, mostrarán su lado oscuro y siniestro que todas las personas intentamos esconder en nombre de la educación y las buenas costumbres, pero que a la vez clama desesperadamente por salir a la luz”, anotó.
El director Javier Daulte destacó que no es la primera vez que trabaja fuera de su país, pues durante muchos años se desempeñó en varias ciudades de España como Barcelona y Madrid, entre otras. A raíz de esto, compartió haber aprendido que cada región tiene su universo teatral.
“No puedo venir a enseñarle nada a nadie, pero sí a perfeccionarlo. A mí no me interesan los personajes sino los actores, mi obligación es conocerlos y ver cómo funcionan profesionalmente para a partir de eso, tratar de sacar lo mejor de ellos. De esta manera uno empieza a amar a los histriones con los que trabaja”, destacó el argentino.
La puesta en escena se desarrolla íntegramente en la sala de una casa, que se convierte en el campo de batalla en el que el público verá cómo los fuertes (con una cuantas copas de vino de por medio), a veces se vuelven débiles, los sometedores pasan a ser sumisos y las víctimas se transforman en victimarios.
“Se hizo una adaptación al lenguaje para el público mexicano de modo que se entienda que algo así puede suceder en cualquier familia de clase media acomodada, es una comunicación cotidiana”.

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