domingo, 22 de agosto de 2010

Fight Club: 11 años del mito.

La psique humana, la confusión, la personalidad, lo inesperado, los miedos y el desequilibrio humano, son elementos esenciales que van de la mano de giros inesperados e insólitos, éstos cambian el rumbo de la perspectiva en el mundo que presenta David Fincher (Se7en,The Game, Zodiac, The curious case of Benjamin Button) a lo largo de su filmografía.

La sociedad quebrada en el rubro de la cotidianidad con los monopolios manipuladores y la inocencia corrompida debido a la interminable búsqueda de la perfección y la belleza universal, Fight Club comunica los problemas existenciales del ser humano, con una notable dirección a cargo de Fincher, siendo el creador de un mundo espiritualmente apocalíptico basado en la novela de Chuck Palahniuk.

La utópica perfección humana buscada a lo largo de la historia, con base a los status planteados por una marca, la publicidad manipuladora y organizadora de la vida cotidiana, un mundo en el que no existe la libertad y los seres humanos viven atados a las exigencias del sistema, ya sea trabajar, casarse, comprarse una casa o un auto.

            La película encuentra la innovación, con una fotografía que resalta el carácter realista y decadente impreso por el director. La narración en primera persona, los mensajes subliminales escondidos en diferentes partes del filme, y de planos llamativos, para lograr una de las mejores películas de la nueva era y del cine de culto.

El rubro actoral no se queda atrás Edward Norton (Primal Fear, American History X) interpreta de manera excelsa a un narrador desquiciado y confundido, Brad Pitt (Thelma & Louise, 12 monkeys, Se7en) demuestra que los papeles de reparto son los suyos, e idealiza un antihéroe que propaga una filosofía diferente y desinteresada.

            El arte oscuro de la película se desenvuelve con la sensación materialista del capitalismo, el simple hecho de creer que un objeto define a una persona, debido a su costo, o por la flamante mercadotecnia detrás del producto, o la idea de perder todo para mostrar un progreso, así como la búsqueda de la muerte debido a al mundo prostituto y horrendo.

            La sabiduría y la visión de Tyler es trasmitida magistralmente como si fuera un filósofo existencialista contemporáneo, la cruda realidad de la rutina y la cotidianidad da como resultado la liberación de presiones mediante un club de la pelea, que pronto los participantes adoptarán a Tyler como un gurú y los planes se saldrán de control al crear un ejército de trabajadores.

            El filme se desarrolla de manera explosiva, sin cesar, con uno de los giros más impactantes en la historia del cine, con efectos especiales notables, y con la escena final bajo el acorde de los Pixies, que después de los ataques terroristas del 11 de septiembre resulta profética.

And Remember "In Tyler We Trust"

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